miércoles, 13 de octubre de 2010
sábado, 9 de octubre de 2010
La Reconquista: Unidos contra el invasor
A continuación podéis leer un brillante artículo de Arturo Pérez Reverte sobre cómo los distintos pueblos de España se unieron para vencer al invasor:
Ya ni siquiera se estudia en los colegios, creo. Moros y cristianos degollándose, nada menos. Carnicería sangrienta. Ese medioevo fascista, etcétera. Pero es posible que, gracias a aquello, mi hija no lleve hoy velo cuando sale a la calle. Ocurrió hace casi ocho siglos justos, cuando tres reyes españoles dieron, hombro con hombro, una carga de caballería que cambió la historia de Europa. El 16 de julio se cumplió el 798 aniversario de aquel lunes del año 1212 en que el ejército almohade del Miramamolín Al Nasir, un ultrarradical islámico que había jurado plantar la media luna en Roma, fue destrozado por los cristianos cerca de Despeñaperros. Tras proclamar la yihad –seguro que el término les suena– contra los infieles, Al Nasir había cruzado con su ejército el estrecho de Gibraltar, resuelto a reconquistar para el Islam la España cristiana e invadir una Europa –también esto les suena, imagino– debilitada e indecisa.
Los paró un rey castellano, Alfonso VIII. Consciente de que en España al enemigo pocas veces lo tienes enfrente, hizo que el papa de Roma proclamase aquello cruzada contra los sarracenos, para evitar que, mientras guerreaba contra el moro, los reyes de Navarra y de León, adversarios suyos, le jugaran la del chino, atacándolo por la espalda. Resumiendo mucho la cosa, diremos que Alfonso de Castilla consiguió reunir en el campo de batalla a unos 27.000 hombres, entre los que se contaban algunos voluntarios extranjeros, sobre todo franceses, y los duros monjes soldados de las órdenes militares españolas. Núcleo principal eran las milicias concejiles castellanas –tropas populares, para entendernos– y 8.500 catalanes y aragoneses traídos por el rey Pedro II de Aragón; que, como gentil caballero que era, acudió a socorrer a su vecino y colega. A última hora, a regañadientes y por no quedar mal, Sancho VII de Navarra se presentó con una reducida peña de doscientos jinetes –Alfonso IX de León se quedó en casa–. Por su parte, Al Nasir alineó casi 60.000 guerreros entre soldados norteafricanos, tropas andalusíes y un nutrido contingente de voluntarios fanáticos de poco valor militar y escasa disciplina: chusma a la que el rey moro, resuelto a facilitar su viaje al anhelado paraíso de las huríes, colocó en primera fila para que se comiera el primer marrón, haciendo allí de carne de lanza.
La escabechina, muy propia de aquel tiempo feroz, hizo época. En el cerro de los Olivares, cerca de Santa Elena, los cristianos dieron el asalto ladera arriba bajo una lluvia de flechas de los temibles arcos almohades, intentando alcanzar el palenque fortificado donde Al Nasir, que sentado sobre un escudo leía el Corán, o hacía el paripé de leerlo –imagino que tendría otras cosas en la cabeza–, había plantado su famosa tienda roja. La vanguardia cristiana, mandada por el vasco Diego López de Haro, con jinetes e infantes castellanos, aragoneses y navarros, deshizo la primera línea enemiga y quedó frenada en sangriento combate con la segunda. Milicias como la de Madrid fueron casi aniquiladas tras luchar igual que leones de la Metro Goldwyn Mayer. Atacó entonces la segunda oleada, con los veteranos caballeros de las órdenes militares como núcleo duro, sin lograr romper tampoco la resistencia moruna. La situación empezaba a ser crítica para los nuestros –porque sintiéndolo mucho, señor presidente, allí los cristianos eran los nuestros–; que, imposibilitados de maniobrar, ya no peleaban por la victoria, sino por la vida. Junto a López de Haro, a quien sólo quedaban cuarenta jinetes de sus quinientos, los caballeros templarios, calatravos y santiaguistas, revueltos con amigos y enemigos, se batían como gato panza arriba. Fue entonces cuando Alfonso VIII, visto el panorama, desenvainó la espada, hizo ondear su pendón, se puso al frente de la línea de reserva, tragó saliva y volviéndose al arzobispo Jiménez de Rada gritó: «Aquí, señor obispo, morimos todos». Luego, picando espuelas, cabalgó hacia el enemigo. Los reyes de Aragón y de Navarra, viendo a su colega, hicieron lo mismo. Con vergüenza torera y un par de huevos, ondearon sus pendones y fueron a la carga espada en mano. El resto es Historia: tres reyes españoles cabalgando juntos por las lomas de Las Navas, con la exhausta infantería gritando de entusiasmo mientras abría sus filas para dejarles paso. Y el combate final en torno al palenque, con la huida de Al Nasir, el degüello y la victoria.
¿Imaginan la película? ¿Imaginan ese material en manos de ingleses, o norteamericanos? Supongo que sí. Pero tengan la certeza de que, en este país imbécil, acomplejado de sí mismo, no la rodará ninguna televisión, ni la subvencionará jamás ningún ministerio de Educación, ni de Cultura.
Ya ni siquiera se estudia en los colegios, creo. Moros y cristianos degollándose, nada menos. Carnicería sangrienta. Ese medioevo fascista, etcétera. Pero es posible que, gracias a aquello, mi hija no lleve hoy velo cuando sale a la calle. Ocurrió hace casi ocho siglos justos, cuando tres reyes españoles dieron, hombro con hombro, una carga de caballería que cambió la historia de Europa. El 16 de julio se cumplió el 798 aniversario de aquel lunes del año 1212 en que el ejército almohade del Miramamolín Al Nasir, un ultrarradical islámico que había jurado plantar la media luna en Roma, fue destrozado por los cristianos cerca de Despeñaperros. Tras proclamar la yihad –seguro que el término les suena– contra los infieles, Al Nasir había cruzado con su ejército el estrecho de Gibraltar, resuelto a reconquistar para el Islam la España cristiana e invadir una Europa –también esto les suena, imagino– debilitada e indecisa.
Los paró un rey castellano, Alfonso VIII. Consciente de que en España al enemigo pocas veces lo tienes enfrente, hizo que el papa de Roma proclamase aquello cruzada contra los sarracenos, para evitar que, mientras guerreaba contra el moro, los reyes de Navarra y de León, adversarios suyos, le jugaran la del chino, atacándolo por la espalda. Resumiendo mucho la cosa, diremos que Alfonso de Castilla consiguió reunir en el campo de batalla a unos 27.000 hombres, entre los que se contaban algunos voluntarios extranjeros, sobre todo franceses, y los duros monjes soldados de las órdenes militares españolas. Núcleo principal eran las milicias concejiles castellanas –tropas populares, para entendernos– y 8.500 catalanes y aragoneses traídos por el rey Pedro II de Aragón; que, como gentil caballero que era, acudió a socorrer a su vecino y colega. A última hora, a regañadientes y por no quedar mal, Sancho VII de Navarra se presentó con una reducida peña de doscientos jinetes –Alfonso IX de León se quedó en casa–. Por su parte, Al Nasir alineó casi 60.000 guerreros entre soldados norteafricanos, tropas andalusíes y un nutrido contingente de voluntarios fanáticos de poco valor militar y escasa disciplina: chusma a la que el rey moro, resuelto a facilitar su viaje al anhelado paraíso de las huríes, colocó en primera fila para que se comiera el primer marrón, haciendo allí de carne de lanza.
La escabechina, muy propia de aquel tiempo feroz, hizo época. En el cerro de los Olivares, cerca de Santa Elena, los cristianos dieron el asalto ladera arriba bajo una lluvia de flechas de los temibles arcos almohades, intentando alcanzar el palenque fortificado donde Al Nasir, que sentado sobre un escudo leía el Corán, o hacía el paripé de leerlo –imagino que tendría otras cosas en la cabeza–, había plantado su famosa tienda roja. La vanguardia cristiana, mandada por el vasco Diego López de Haro, con jinetes e infantes castellanos, aragoneses y navarros, deshizo la primera línea enemiga y quedó frenada en sangriento combate con la segunda. Milicias como la de Madrid fueron casi aniquiladas tras luchar igual que leones de la Metro Goldwyn Mayer. Atacó entonces la segunda oleada, con los veteranos caballeros de las órdenes militares como núcleo duro, sin lograr romper tampoco la resistencia moruna. La situación empezaba a ser crítica para los nuestros –porque sintiéndolo mucho, señor presidente, allí los cristianos eran los nuestros–; que, imposibilitados de maniobrar, ya no peleaban por la victoria, sino por la vida. Junto a López de Haro, a quien sólo quedaban cuarenta jinetes de sus quinientos, los caballeros templarios, calatravos y santiaguistas, revueltos con amigos y enemigos, se batían como gato panza arriba. Fue entonces cuando Alfonso VIII, visto el panorama, desenvainó la espada, hizo ondear su pendón, se puso al frente de la línea de reserva, tragó saliva y volviéndose al arzobispo Jiménez de Rada gritó: «Aquí, señor obispo, morimos todos». Luego, picando espuelas, cabalgó hacia el enemigo. Los reyes de Aragón y de Navarra, viendo a su colega, hicieron lo mismo. Con vergüenza torera y un par de huevos, ondearon sus pendones y fueron a la carga espada en mano. El resto es Historia: tres reyes españoles cabalgando juntos por las lomas de Las Navas, con la exhausta infantería gritando de entusiasmo mientras abría sus filas para dejarles paso. Y el combate final en torno al palenque, con la huida de Al Nasir, el degüello y la victoria.
¿Imaginan la película? ¿Imaginan ese material en manos de ingleses, o norteamericanos? Supongo que sí. Pero tengan la certeza de que, en este país imbécil, acomplejado de sí mismo, no la rodará ninguna televisión, ni la subvencionará jamás ningún ministerio de Educación, ni de Cultura.
sábado, 2 de octubre de 2010
Echar un vistazo
- La energía y la conspiración contra el coche eléctrico: Seguro que habréis escuchado eso de que las empresas petroleras están en contra del desarrolla del autómovil eléctrico. Seguro que lo están pero a la vista de este artículo parece ser que la cosa va lenta aún, ya que queda mucho por mejorar en las baterías: entrega de potencia, durabilidad, costes, ...
- El asedio a Numancia por Forges
- El concilio cadavérico: Como incluso tras fallecer, los enemigos de un Papa pueden llevar el cadaver a juicio.
- La raíz de la precariedad en la carrera informática: Interesante análisis sobre la dualidad de pensamiento sobre la programación. Por un lado los informáticos rechaza programar porque teóricamente tienen un status superior, pero sin embargo solicitada como tarea propia para solicitar competencias profesionales.
- El asedio a Numancia por Forges
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sábado, 25 de septiembre de 2010
Echar un vistazo
Hoy traemos un especial "Educación" en nuestra sección de artículos que merecen la pena echarles un vistazo:
- La educación en Finlandia es catalogada como la mejor en Europa.: Análisis del modelo educativo finlandés.
- El éxito de Finlandia: Análisis del modelo educativo finlandés.
- ¿Por qué la escuela no educa?: Discurso de John Taylor en 1991 al recibir el premio al mejor profesor en Nueva York.
- La educación en Finlandia es catalogada como la mejor en Europa.: Análisis del modelo educativo finlandés.
- El éxito de Finlandia: Análisis del modelo educativo finlandés.
- ¿Por qué la escuela no educa?: Discurso de John Taylor en 1991 al recibir el premio al mejor profesor en Nueva York.
Juan Gerbas: No hay enfermedades, sino enfermos
Juan Gerbas es un médico rural que habla claro, muy claro. Ya lo tuvimos en elBlogeante hablando de la gripe A y ahora vuelve con una entrevista (35 min) que trata varios asuntos. Por ejemplo: por qué cambió la ciudad por el pueblo, las empresas farmaceúticas, los visitadores médicos, etc. Todo ello sin pelos en la lengua.
Fuente: El blog de Llinares en Rankia
NO HAY ENFERMEDADES, SINO ENFERMOS from ALISH on Vimeo.
Fuente: El blog de Llinares en Rankia
El largo camino de la evolución
Muy interesante vídeo de 5 min donde podemos ver cómo fueron cambiando distintos animales a lo largo de millones de años de evolución, y además aderezado con buena música.
Fuente: La historia con mapas
Fuente: La historia con mapas
sábado, 18 de septiembre de 2010
Los grandes misterios de la historia
Los grandes misterios de la historia del Canal de Historia fue uno de los libros elegidos para su lectura en la hamaca junto a la piscina en las ya pasadas vacaciones de verano.Es un libro que se lee bien porque en cada misterio se va al grano, proporcionando los datos y las distintas teorías que existen sobre el hecho.
En cuanto a los misterios en sí, por destacar alguno diría que el apocalíptico Heinrich Heine escribió "aquellos que comienzan quemando libros acaban quemando hombres", donde según algunos se refiere a los nazis.
Sin olvidar los nazis, también he aprendido que las esvástica no es propia de estos, sino que es un símbolo que se remontan a los hindúes allá en el siglo V aC.

Otro misterio que se trata es el del Arca de Noé y su presunto descubrimiento en una zona remota del Monte Ararat en Turquía. Al tratarse de una zona militarizada, al parecer no han podido acercarse lo suficiente para investigarlo apropiadamente.
Y por último destaco un misterio del que nunca había oído hablar: la pirámica escalonada submarina de Yonaguni, en Japón.
El profesor Kimura data su construcción en el año 8.000 aC, cuando se supone que esa zona aún no estaba bajo las aguas.
Mi calificación: 7
jueves, 16 de septiembre de 2010
La Buena Suerte
La Buena Suerte de Álex Rovira y Fernando Trías es uno de esos libros que se leen de un tirón y que te dejan un buen regustillo, con la sensación de que ha despertado algo en tu interior, que te ha inspirado en definitivaEl libro plantea la diferencia entre la suerte puntual y la Buena Suerte con mayúsculas, la suerte que uno se gana creando las circunstancias apropiadas. Para ello utiliza un cuentecillo con Merlín el mago y caballeros en busca de fortuna, demostrando que no hace falta enrollarse mucho para transmitir el mensaje. En este sentido me ha recordado a Quién se ha llevado mi queso, que con un par de ratones, un laberinto y un trozo de queso es capaz de modificar actitudes.
Mi calificación: 8
miércoles, 15 de septiembre de 2010
Imperium
Imperium de Robert Harris es una novela que narra la vida de Marco Tulio Cicerón desde que se convierte en senador romano hasta que consigue llegar al máximo cargo de la república: cónsul.Es un libro que podríamos dividir en dos partes: de senador a pretor y de pretor a cónsul, siendo la primera de ellas la más dinámica e interesante.
Cicerón consiguió llegar al máximo cargo público no formando parte de ninguna de las familias nobles, sino que era un hombre nuevo, ni contar con una fortuna tras de sí. Lo consiguió haciendo amigos y enemigos y valiéndose de su facilidad para la oratoria.
Si no tenemos bastante con Cicerón, durante el transcurso de la historia nos encontraremos con Pompeyo, con un joven Julio César o el riquísimo Craso.
En resumen, un libro muy interesante que cuenta de forma novelada la vida de un romano destacado.
Mi calificación: 8
jueves, 26 de agosto de 2010
El asedio
Cualquier libro de Arturo Pérez-Reverte es un seguro de diversión, y para no ser menor "El asedio" ha cumplido con la tradición.En esta ocasión, Arturo nos lleva a resolver un asesinato en la Cádiz asediada por las tropas napoleónicas y coincidiendo también en el tiempo con la preparación de la Constitución de la Pepa.
Lo que más me ha gustado no ha sido la historia en sí, sino en cómo el autor va entremezclando la trama con la Historia en mayúscula. Por ejemplo, así podemos enterarnos de que si bien los ingleses eran nuestros aliados en la lucha contra Napoleón, en tierras americanas nos estaban haciendo la puñeta para quedarse con el comercio que hasta entonces casi monopolizábamos.
¿Quién no ha escuchado eso de "con las bombas que tiran los fanfarrones, se hacen las gaditanas tirabuzones"? Pues resulta que viene al hecho de las bombas francesas (que por cierto en gran número no llegaban ni a explotar) soltaban trozos de metal doblados que servían para que las mujeres se hicieran tirabuzones.
Por ponerle un pero, en ocasiones me ha resultado lento proporcionando detalles que no son necesarios para la trama principal. Ya sé que esto es cuestión de gustos, que habrá quien lo prefiera para conocer mejor el mundo que rodea la historia.
Mi calificación: 7.5
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